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martes, 14 de octubre de 2008

La ética que Hollywood nos dejó


Con un original y atractivo enfoque, el filósofo estadonidense Stanley Cavell sostiene que en las películas norteamericanas suele darse una percepción de la conducta humana como algo impredecible, y en este sentido, contienen una enseñanza. En una entrevista exclusiva con Ñ, Cavell dice: "Encuentro verdaderas transformaciones metafísicas en los personajes".

Por: Santiago Bardotti


AN AFFAIR TO REMEMBER. Deborah Kerr y Cary Grant, en 1957.


Dicho de manera frívola Stanley Cavell es el filósofo que se atrevió a poner el nombre de Kant junto al de Frank Capra; menos banal es el hecho que escribió varios libros para despejar las dudas que él mismo albergaba. Ante lo sospechoso de un filósofo que ha dedicado su tiempo al cine popular, Cavell mismo invierte la pregunta: 'cómo es posible que una persona cuya educación ha sido moldeada tanto por la frecuentación de los cines como por la lectura llegue a ejercer un oficio que consiste en reflexionar sobre filosofía? Filosofía del lenguaje común, filosofía de la vida cotidiana, los desafíos del escepticismo constituyen la familia de intereses filosóficos de este hombre hijo de emigrados judíos. Embarcado en la tarea, tan atípica en su medio, de una recomposición histórica del pensamiento norteamericano, las figuras de Ralph W. Emerson y Henry David Thoreau le dan a la escritura de Cavell un color característico. La expresión de Emerson "el coraje de ser lo que uno es" explica acaso la dedicación de Cavell a los problemas del cine, como él mismo dice "por lealtad a ciertas versiones más jóvenes de mí mismo". Los libros de Cavell sobre cine, a la par que libros teóricos, son libros que hablan particularmente de un conjunto de películas que aparecen así bajo una maravillosa nueva luz; porque, como él mismo dice, la crítica no debe manejarse con significaciones a priori, sino encontrarlas en cada caso y articularlas en una explicación coherente. Así la crítica se convierte en algo más que una operación técnica especializada: se vuelve un modo de hacer filosofía.

-'Cómo se relacionan las sobrias declaraciones sobre la muerte del cine y su propia idea sobre la desaparición del cine como su condición ontológica?

-No estoy seguro de haber escuchado declaraciones particularmente sobrias sobre la muerte del cine. Declaraciones ebrias, sin duda, y tal vez declaraciones tristes. Todo lo que recuerdo haber dicho de lo que podría llamarse la desaparición del cine es que fue después de descubrir que mi experiencia del cine contemporáneo estadounidense había sufrido una ruptura, que estaba en cuestión, que empecé a escribir sobre cine y que lo hice desde un primer momento con un fervor inequívoco. Eso fue a fines de los 60, en parte, debido a que durante diez años llegaron a estas orillas de forma bastante regular las películas de Rossellini, Antonioni, Fellini, Godard, Resnais y Truffaut. A eso se sumó el descubrimiento de la historia del cine estadounidense en distintos grupos cinematográficos que encontraron seguidores en las universidades. No es raro que en ese medio haya empezado a pensar seriamente que existían cosas como las películas estadounidenses como tales, no sólo películas que habían constituido un registro indispensable y persistente de mi vida, y la de mis amigos y mis padres, desde que tenía ocho años. En cuanto a la sensación de una muerte del cine por los cambios de sus medios físicos –o sea, porque ya no se hacen películas, obras cinematográficas que se hacen con película–, me conformo con esperar (no sé si eso me resulta más fácil o más difícil, dados mis ochenta años) y ver en qué se transforman los hechos de nuestra experiencia, de nuestro goce, de las nuevas tecnologías del cine narrativo en relación con la historia del cine. Creo que por primera vez desde el cine mudo, ahora el cine sonoro tiene una historia, algo tan perdurable y valioso como la historia de la música, la literatura o la pintura. De todos modos, nunca produjo una vanguardia significativa. Lo que pudo parecer que ocupaba ese lugar fue el "cine experimental", que se destacó cuando Hollywood estaba en su peor momento y el cine europeo hacía sentir su presencia. En mi primer libro sobre cine dije que éste era el arte que había evitado el tema del modernismo, o que lo había postergado.

-'El cine puede dar a los estadounidenses ese "pasado cultural común" cuya ausencia usted menciona como una tendencia de su cultura?

-Durante las primeras décadas del cine sonoro podría decirse que el cine contribuyó a brindar un presente cultural común a los estadounidenses. Si eso se va a convertir en un pasado cultural común es algo que va a depender de si las películas sonoras llegan a adquirir una historia, algo que se comparta en el plano cultural en el mismo sentido en que se comparte la novela estadounidense. Pienso que eso sólo sucedería si el cine pasara a formar parte de los programas de estudios de los colegios secundarios. Eso puede ser tan improbable como mi deseo de que la filosofía se enseñe de forma habitual en los colegios.

-'Empezó a interesarle el cine como la expresión artística que mejor representaba a EE.UU.?

-No sé si "mejor", pero me interesaba aclarar que el cine popular estadounidense tenía instancias de auténtica expresión artística.


-'En esas comedias hay un arquetipo de hombre y de mujer?

-Las comedias estadounidenses que más me interesan parecen desafiar, o parodiar, esos arquetipos, a menudo mediante el recurso de hacer al hombre más femenino que la mujer y viceversa. En Luna Nueva, es el hombre, Cary Grant, el que tiene conciencia de su aspecto y del efecto que causa. En La costilla de Adán, Spencer Tracy llora y le enseña a la mujer a llorar. Sin embargo es en el diálogo agresivo y enérgico que comparten a lo largo de una película donde se sostiene la igualdad de inteligencia y percepción entre géneros.

-'Por qué le parece importante complementar, rectificar a Freud con Austin en relación con la idea del "fehlleistungs" o lapsus?

-Me resulta fascinante que dos pensadores que ejercieron una influencia tan decisiva y permanente en mis intereses y trabajos tengan temperamentos tan diferentes como y que, a pesar de ello, coincidan tanto en la percepción de la conducta humana como algo que siempre escapa al control de formas impredecibles mediante lo que solíamos llamar Razón. Los grandes payasos del cine: Chaplin, Keaton, los hermanos Marx, descubrieron y demostraron que la conducta animal podía sobrevivir a sus desórdenes con cierta felicidad en un mundo de circunstancias fortuitas.

-Usted sostiene que el cine popular puede ayudarnos a entender filosofía, 'qué puede enseñar un filósofo como Wittgenstein sobre la vida cotidiana?
A prestarnos atención. -'Por qué pueden gustarnos las películas malas, pero no tanto los libros malos y casi nada la mala filosofía?

-En algún momento dije algo sobre eso. Ahora, sin embargo, antes de contestar tendría que saber qué se considera una mala película ('aburrida? 'improvisada? 'con buena fotografía pero mal guión o una actuación pobre?), un mal libro ('irreflexivo? 'que se basa en falsedades? 'Que tiene un lenguaje banal?) o mala filosofía ('ejemplos trillados? 'Argumentos débiles? 'Una visión limitada del mundo?). Me imagino que puede hablarse de algo interesante hasta en una mala película, ya que la posibilidad de que aparezcan accidentes afortunados o regalos del cielo es mayor en el cine que en otros medios en los cuales cada sílaba es producto de la elección de una sola persona. Hay figuras que la cámara adora. Si una de esas figuras hace apariciones breves pero recurrentes en una película mala, puede brindarnos instancias de verdadero placer.

-'Es posible hoy hacer una filosofía que no sea un comentario o mera "literatura"?


-No estoy muy seguro de a qué se refiere con "hacer una filosofía". Sin duda pienso que es posible pensar y escribir de forma filosófica. Heidegger hace filosofía a partir del comentario sobre, por ejemplo, textos de Hölderlin. Wittgenstein, en cambio, menciona algunos nombres de filósofos casi al pasar. Los dos tienen una escritura característica, y los filósofos a quienes no les gusta uno de ellos, o ambos, pueden calificar lo que hacen de "literatura". Los filósofos analíticos discuten permanentemente entre sí y en ocasiones con momentos del pasado de la filosofía. Por lo que parece, eso contaría como comentario sólo si su interlocutor estuviera muerto. Otra cosa que Heidegger y Wittgenstein tienen en común es su negativa a pensar su trabajo dividido en campos, como por ejemplo la epistemología, la estética, la ética, etc. Se trata de una negativa muy difícil de sostener en la filosofía seria actual, donde lo que se llama filosofía es (en el mejor de los casos) una materia universitaria que se enseña y se ubica en una jerarquía entre otras.

-Usted habla de la existencia de formas degradadas del "perfeccionismo" de Emerson, esa voluntad de cambiar uno, de volverse mejor. Muchas comedias traicionan ese espíritu, volviendo el cambio cosmético.

-Estoy de acuerdo. Sin embargo, no hay ninguna idea valiosa que no pueda degradarse. Lo que quiero decir cuando llamo la atención sobre la degradación es que casi nadie encuentra instancias de logros genuinos (no degradados) en, por ejemplo, el género de las comedias de segundos matrimonios. Por supuesto que mi tesis es la contraria; encuentro verdaderas transformaciones metafísicas en los personajes; un darse una segunda oportunidad que no es en absoluto banal. El propio Emerson fue ('es?) víctima de la falta de atención de los filósofos.

-'El desprecio de los intelectuales por el cine popular obedece a esa idea de "perfeccionismo al alcance de todos", con esa revaloración de la vida cotidiana?

-Espero que no sea verdad en el caso de los intelectuales estadounidenses, de los que cabría esperar que tuvieran conciencia de la traición a las aspiraciones democráticas. Me parece que, si ese "desprecio" es algo que comparten los intelectuales estadounidenses, se debe a cierto temor a que su credibilidad como intelectuales quede en tela de juicio si declaran su gusto por el cine. El intelectual no constituye aquí una jerarquía social reconocible más allá del "intelectual público", una persona que observa y hace comentarios sobre acontecimientos públicos actuales. Sin embargo, hay algo más y tiene que ver con la edad del arte cinematográfico, con el tiempo individual y social en el que se llega a adoptar una posición intelectual en relación con la más nueva de las artes. Dada mi avanzada edad, pude crecer con padres que veían dos películas de Hollywood por semana a partir de fines de los años 30, en la primera década del cine sonoro. Veinte años después, esas películas aún no se habían renovado con una generación más joven de directores, pero ya tenían que compartir su público, cuya atención también abarcaba la televisión y el cine contemporáneo francés, alemán, sueco y japonés. Cuando sentí que perdía mi viejo interés y mi convicción en el desarrollo del cine estadounidense, así como la fascinación por la inteligencia más explícita de las películas "extranjeras" y de la escritura sobre cine (James Agee, Pauline Kael, André Bazin, las reflexiones de cineastas como Godard y Truffaut) empecé a poner a prueba mi experiencia escribiendo un libro sobre películas y sobre cine. No tenía idea de cómo iba a ser semejante libro. Cuando empecé sólo sabía que iba a escribir sobre todo a partir de la memoria (sin Internet ni máquinas para volver a ver secuencias). Esas motivaciones y esos procesos de composición son algo que ya no está a nuestra disposición. La motivación que supongo permanece intacta es la de entender cómo un arte que aspira a la popularidad puede seguir teniendo instancias tan espléndidas de intensidad intelectual y artística. En EE.UU.hubo en un tiempo cierta posibilidad de intersección del jazz con el teatro de Broadway, asociado a los nombres de George e Ira Gershwin, Irving Berlin, Cole Porter, Rodgers y Hart. Kurt Weill dio un salto exitoso con su Opera de tres centavos. El jazz luego se volvió difícil de tocar y de entender; excedió los límites de lo popular.

-'Puede hablar sobre su eterna fascinación por Jane Austen?

-La fascinación puede ser eterna, pero no empezó muy temprano. Como en el caso de las comedias de enredo matrimonial que me llamaron tanto la atención, se debe a que ponen de manifiesto la igualdad de inteligencia e ingenio entre hombres y mujeres. Ambos expresan u ocultan su pasión de manera inteligente e ingeniosa, por lo cual reciben una educación moral recíproca, lo que nos hace alentar esperanzas. Eso se logra en un mundo que a menudo desconoce esas posibilidades, un mundo de injusticia, como suele pasar. En Mansfield Park esta idea de injusticia se sostiene explícita mente en la esclavitud extranjera.

-Pero si hay formas degradadas de filosofía, 'puede existir lo opuesto, como la creación de prácticas legítimas de refinamiento en literaturas que se consideran degradadas, como la literatura de autoayuda por ejemplo? 'Podría surgir una transformación del yo verdadera, un hacernos mejores, cada cual según sus posibilidades?


-Es posible que quienes desaprueban algunos de mis intereses, por ejemplo, en lo que yo llamo (y no sólo yo) perfeccionismo moral, consideren que algunos de sus principales representantes, a los que admiro (como Emerson, Thoreau, Matthew Arnold, John Ruskin, por no hablar de Nietzsche), son escritores de algo así como formas degradadas de filosofía. A veces me parece importante insistir en que lo que esos escritores producen en ocasiones es filosofía o en todo caso no tiene sentido diferenciarlo de la filosofía. Otras veces no me interesan esas discusiones. Como sostengo que lo que hago se basa en lo que entiendo que la filosofía hace o permite hacer, y como esos escritores forman parte de mi formación, no estoy dispuesto a negarles el título de verdaderos pensadores filosóficos.

-'Hay una esencia trágica del cine oculta aun en su forma más básica de entretenimiento?

-Si la hay, y creo que en ocasiones sugerí que la había, debe depender del hecho de que las figuras que lo habitan son mortales, o proyecciones de mortales, no destinados sólo a la muerte, sino–quién sabe– que es posible que pasado su momento, el momento de la filmación, nunca vuelvan a ser los mismos, como observa Henry James. Esa, supongo, es la razón fundamental por la que no puedo pensar la animación como parte del cine. No sé qué diferencia puede suponer eso a medida que nos habituemos a experimentar la digitalización y podamos discriminar.

-Dice que el descubrimiento intelectual y el logro artístico no se implican mutuamente. 'Podríamos estar ante una de las causas del divorcio entre cierta crítica y el público masivo?

-Un lugar importante en el que no hay tal divorcio entre la crítica (o lo que podría llamarse crítica) y el público es en la escritura estadounidense sobre deportes. Los que escriben sobre béisbol, basquetbol, etc. saben que escriben para un público que, en buena parte sabe por lo menos tanto sobre esos deportes como los propios críticos. La exactitud, incluso el aspecto técnico, y la pasión de esa escritura pueden hacerla muy placentera, por más que uno lo haga sólo ocasionalmente, como yo.

-'Cuáles son las obligaciones del crítico?

Hacer que su trabajo sea digno del mejor público que pueda imaginar.

-'Sigue pensando que el cine no creó un discurso digno de sí mismo?


Ahora soy muy selectivo en lo que leo y no me atrevería a generalizar. Confieso que siento cierta tentación de preocuparme cuando, al ver el valioso canal de películas clásicas de la TV norteamericana que programa verdaderos tesoros de la historia del cine, escucho que el conductor le da la bienvenida al público y cita un hecho aislado que suele no tener relevancia alguna para la película (por ejemplo, que en esa película un actor famoso hizo su primer papel, o que en un primer momento se había elegido a otro actor para el papel protagónico, o que otro estudio u otro director habían rechazado el guión, etc.). No niego que eso puede ser una forma de permitir que un público anónimo y disperso experimente un primer interés por lo que va a ver, pero si no se intenta "un discurso digno del cine" en esas ocasiones en que se presenta una buena copia de una película sin cortes ni interrupciones, 'entonces cuándo podemos esperar que eso ocurra?


Revista Ñ

jueves, 25 de septiembre de 2008

jueves, 26 de junio de 2008

Algunas reflexiones sobre el Pensamiento Crítico

Energía Positiva es un programa del Sindicato regional de Luz y Fuerza, que tiene como objetivo principal estimular el pensamiento crítico para ayudar a estimular una conciencia colectiva autónoma, integrada y solidaria. Cuenta con la participación de Quique Pessoa, Adrian Paenza, Eduardo Brandolín.



sábado, 21 de junio de 2008

Filosofía [aquí y ahora]


El prestigioso filósofo, escritor y guionista de cine José Pablo Feinmann se propone revisar las preguntas fundamentales que formularon grandes filósofos, como Descartes, Kant, Hegel, Heidegger, Marx o Sartre, y permitir que la reflexión filosófica aflore como una actitud ante el mundo que nos rodea.

Los jueves a las 23:30 por canal Encuentro

Sinopsis
La televisión y la filosofía no forman una pareja habitual, pero el filósofo, escritor y guionista de cine José Pablo Feinmann enfrenta el desafío de abordar esta disciplina en profundidad y con un lenguaje accesible.
La intención es doble; no sólo se propone revisar las preguntas fundamentales que formularon grandes filósofos, como Descartes, Kant, Hegel, Heidegger, Marx o Sartre, sino también permitir que la reflexión filosófica aflore como una actitud ante el mundo que nos rodea.

Repeticiones
Jueves: 07.30 / 11.30 / 15.30 / 19.30
Sábado: 07.00
Domingo: 04.30 / 17.00

domingo, 24 de febrero de 2008

“Una vida sin reflexión no es humana”


ENTREVISTA - FERNANDO SAVATER

(Por Irene Benito, Madrid, Especial para LA GACETA).- Filósofo, polemista, escritor y profesor universitario, el español Fernando Savater ha viajado a Argentina una vez por año en las últimas dos décadas y media. "¡Más veces que José Ortega y Gasset!", exclama con una sonrisa estrepitosa y luego admite que es muy difícil terminar de conocer un lugar. “Hay gente que llega a Bilbao, está dos días allí, y cree que por eso ya conoce el País Vasco. Y lo peor es que vuelve a casa con una teoría", ejemplifica. Pero Savater, que tiene una abuela porteña, no se abstiene de opinar: "tras la terrible crisis de 2001 hubo un primer momento en el que los argentinos parecían más contentos; y ahora, otra vez, se habla mucho de corrupción. Este es el gran mal de Argentina; el cáncer verdadero de las democracias latinoamericanas". Según el autor de "Ética para Amador", no hay diferencias objetivas entre una democracia europea y otra latinoamericana porque los textos constituciones son los mismos. Explica: "no obstante, en Europa hay menos corrupción, no por la bondad del europeo, sino porque hay obstáculos. Tengo una visión muy pesimista: todos somos todo lo malo que nos dejan ser. Si la gente ve que la corrupción queda impune, entonces habrá muchísimos casos. En cambio, si ve que el que se corrompe recibe 30 años de cárcel, habrá menos".

- ¿Qué debería hacer Argentina para extirpar ese cáncer?
-Luchar en serio contra la corrupción y ser consciente del problema, pero no tanto de la corrupción de los otros, sino de la de cada cual. A veces siento que todos son muy sensibles a la corrupción del partido de la oposición, pero incapaces de verla en el propio, donde la corrupción parece hasta normal, lícita y dirigida por buenos deseos. Hay que luchar contra la corrupción propia, la de los otros y la de todos.

Savater recibe a LA GACETA en el salón de su hogar madrileño. Parece recién duchado y a lo mejor lo está, a juzgar por la ligera bata verde a cuadros que viste con descuido. Detrás de los anteojos con marco naranja -su santo y seña- hay un hombre con ojos pequeños y muy expresivos, que desbordan en miradas perdidas y en nerviosos parpadeos. Sobre todo cuando aborda la política, que considera una obligación ciudadana. Savater, que pasó una temporada en la cárcel durante la dictadura de Francisco Franco y milita desde siempre contra el terrorismo de ETA, participó el año pasado de la fundación del partido político "Unión, Progreso y Democracia" (UPyD). Pero enseguida confirma que no tiene intenciones de presentar candidatura. Enuncia: "ya soy muy viejo para cambiar de oficio. Aspiro a mostrar que uno puede ser político de muchas formas, y no sólo accediendo a un ministerio o a un escaño. Es posible ejercer la política interesándonos por ella, manifestando nuestra opinión, comprometiéndonos públicamente, sin necesidad de ocupar un puesto en las instituciones".

- ¿Qué principio anima a UPyD?
- La paradoja de la política española es que los dos partidos más grandes ( Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español) nunca han logrado gobernar solos. Y como no se juntan entre ellos, salvo los casos de mayorías absolutas, que son muy raros e indeseables, lo que hay es siempre una mayoría relativa que necesita el apoyo de las mayorías nacionalistas vasca, gallega y catalán. En último término, la gobernabilidad del Estado depende de los grupos que no creen en el Estado español. Por el contrario, UPyD quiere reforzar la imagen de una nación de ciudadanos y no de ciudadanías dispersas.

- ¿Por qué los políticos tienden a realizar promesas?-
- Cuando uno está metido en temas de campaña electoral te preguntas a menudo por qué no puedes decir a la gente las cosas tal como son: "creo que esto puede funcionar, pero si no anda, intentaremos otra cosa" o "tenemos algunas ideas pero no estamos completamente seguros". No, hay que dar la impresión de que está todo resuelto, porque la gente no tolera la duda, la incertidumbre, el tanteo, que seas frágil y vulnerable. Sería lógico que un jefe sea como el resto de la gente y que prometa su buena voluntad, su capacidad, su honradez sin más, y que rechace la idea del superhombre. Pero un candidato tan razonable nunca sería elegido, porque en el fondo la gente que se queja quiere alguien que prometa milagros, aunque de antemano sepamos que no los podrá cumplir.

Savater es pionero en el afán de escribir con sencillez sobre cuestiones complejas como la ética y la filosofía; saberes que hasta no hace mucho estaban sólo reservados a los sabios y expertos. Dueño como pocos del don de la didáctica, asegura que aunque a veces no sea un acto consciente todos los seres humanos filosofan cuando se preguntan sobre la naturaleza, la justicia, la verdad, la muerte y el tiempo.

- ¿Para qué sirve una dosis diaria de filosofía?
-Ayuda a que hagamos nuestras cosas de manera más humana. Sócrates decía que una vida sin reflexión no merecía la pena ser vivida. Una vida sin examen no es humana, es automática. Los animales, a lo mejor, son más felices que nosotros porque nunca se preguntan si deben ser así o de otra manera. Cumplen un programa evolutivo y ya está. Nuestro programa, en cambio, incluye el hacernos preguntas sobre el por qué del programa. No es que esto nos haga más o menos felices, o mejores o peores, sino que el modo humano nos exige pensar en las cosas que hacemos y hacerlas pensándolas.

- Pero ahora no hay tiempo para reflexionar...
-Uno siempre tiene tiempo para lo que quiere. En el “timing" del día nunca hay espacio para las cosas importantes; nunca anotamos en la agenda que de 7 a 8 hay que enamorarse y de 9 a 10, pensar sobre la existencia. Tenemos que luchar para tener tiempo para las cosas que amamos. En el fondo, esta es una excusa para huir de asuntos complicados que no queremos afrontar. Nunca creo a la gente que dice que no tiene tiempo para estar con sus hijos. ¡Pues no tenga usted hijos! Vaya pretexto... ¡Como si hubiese algo más importante que estar con los hijos! Algunos prefieren dedicar tiempo a chatear o a hablar por celular. Eso es comunicación, progresos que nos permiten estar más cerca de las personas que queremos. Todos los que están en contra de estos avances hacen mala retórica: no es cierto que nos vaya a devorar internet. Algunos están más ocupados de lo trivial que de los problemas reales que tiene la humanidad.

Se le pregunta qué espera del siglo XXI. Contesta en el aire (y con una familia de palabras): "nunca espero nada porque creo que los hombres libres no deben pasarse la vida preguntándose qué va a pasar sino qué pueden hacer. La gente que se frustra es la que espera que pasen cosas. Pasará lo que dejemos que pase, pasará lo que nosotros hagamos que pase. Si no hacemos lo que queremos que pase, nada pasará. Si no colaboramos en detener aquellos males que no queremos que ocurran, ocurrirán. En ese sentido, la decepción nunca es contra el mundo sino contra uno mismo, que no hizo lo que debía hacer”.

LA GACETA

domingo, 28 de octubre de 2007

Rescatando el valor del capital humano


Entrevista a Jesús Alberto Zeballos para La Gaceta

El flamante presidente de la Asociación Filosófica de la República Argentina (AFRA) afirma que una crisis es una oportunidad para la vida personal.



En septiembre pasado, el profesor de Filosofía e investigador Jesús Alberto Zeballos pudo constatar empíricamente lo que ya venía estudiando en la teoría: que, contrariamente a lo que supo decir la tradición, hay que que saber sacar del caos una oportunidad. Y que a las empresas hay que empezar a mirarlas con una mirada diferente, en la que el capital humano tiene una fuerte incidencia.

“Hace un tiempo he escrito un trabajo sobre la administración caótica. Durante la experiencia de la organización del IV Congreso Argentino de Filosofía, que hemos organizado en Tucumán, pudimos ver cómo se puede administrar algo respetando los objetivos del grupo, aun cuando en este aparece un cierto caos”, afirmó Zeballos, retomando la experiencia que nucleó en esta provincia filósofos de todo el país.

Al finalizar el Congreso, que siempre va rotando de sede, Zeballos fue elegido presidente, por dos años, de la Asociación Filosófica de la República Argentina.

“Sobre la base de las teorías de Prygoyine y de Bertalanfy, una empresa es en mayor medida activa y productiva cuando está al borde del caos. Es la búsqueda de lo que tradicionalmente se llamaba homeostasis, y que yo prefiero llamar homeorresis, porque es un estado de equilibrio que siempre se pierde y se vuelve a buscar”, reflexionó el filósofo.

- La famosa consigna de convertir la crisis en oportunidad...
- Exacto. En el campo de la administración, la postura de la administración clásica decía que el administrador era un hombre sagaz, tomador de decisiones oportunas, pero aquí no ocurre eso. Aquí hay un caos que se retroalimenta con distintos elementos, para lo cual hay que tener en cuenta muchas cosas.

-Usted integra un grupo de investigación sobre capital humano y formación de profesionales...
-Es un grupo multidisciplinario en el que hay matemáticos, lógicos, economistas, administradores. Y lo que estamos investigando es la influencia de lo que los economistas llaman capital intangible, y que hace al progreso o al retroceso de las empresas. Hay muchas cosas que no parecen cuantificables (como sí lo son las maquinarias o los edificios), pero que tienen una fuerte incidencia en el destino de las empresas.

- ¿Se trata de definir las condiciones para el trabajo?
- Más que de las condiciones para el trabajo, se trata de las condiciones humanas para el trabajo: es decir, “este señor rinde más allá que acá”; “este señor tiene más condiciones para esto que para aquello”. Todo eso también se puede cuantificar. Es algo bastante novedoso. Lo vemos con métodos cualitativos; y lo que se puede cuantificar, se cuantifica de un modo probabilístico.

- ¿La Facultad de Ciencias Económicas fue el campo de experimentación?
- Sí, porque el proyecto está relacionado con la formación profesional. El capital humano es fundamental en el buen desarrollo de una empresa, sea privada o pública.

- ¿Qué se ve en la UNT ?
- Que mucho del trabajo recae sobre los docentes medios. Por distintos motivos, la gente más joven- los auxiliares, los jefes de trabajos prácticos- son los que más trabajan; en algunos casos, porque tienen pasión por lo que hacen; en otros casos porque necesitan agrandar su currículum, por la carrera docente. Eso pasa en toda la universidad. Si vemos la organización de los congresos, esos sectores son los que llevan el mayor peso. Es, precisamente, lo que ha pasado en el Congreso Argentino de Filosofía que hicimos en Tucumán : ellos son los que trabajaron. Y lo que no aparece es el trabajo.

- ¿El Congreso fue caja de resonancia de la discusión filosófica en la Argentina?
- Sí, se vio mucha discusión sobre filosofía política, sobre filosofía biopolítica. Este último tema fue trabajado por Foucault, que señalaba que incluso las necesidades biológicas pueden ser determinadas autoritariamente en una organización casi mecanicista, y pueden determinar cuestiones tales como qué debes comer para producir más, cuál es tu tiempo de descanso, y cuál debe ser tu tiempo de trabajo. Muestra un mundo muy planificado...

- Un gran hermano orwelliano...
- Eso es. Y en ese sentido diríamos que si a nosotros nos llegan a determinar hasta los parámetros biológicos, estamos perdiendo no sólo la libertad de conciencia, sino hasta la libertad biológica. Y hay un sometimiento total del individuo.

- Otro tema fue el del lenguaje ¿Por qué interesa tanto la cuestión del lenguaje?
- La filosofía del lenguaje es, de alguna manera, la vedette de estos tiempos. Desde la década del 60 en adelante se habla del “giro lingüístico”. Así como en otras épocas se ponía la atención en la metafísica, en el problema del ser, en el problema del hombre, aquí se ha descubierto que el problema fundamental es el problema del símbolo. Que si no existe la mediación del símbolo no hay cómo arribar a la realidad; en un artículo, yo escribí que es muy difícil superar la ficción del lenguaje. Es lo que Wittgenstein define como “la mosca dentro de la botella”. Estamos como entrampados en las redes lingüísticas...

- La paradoja del lenguaje que incomunica...
- Efectivamente. Yo diría que esa es la condición del lenguaje. Por eso es que el psicoanálisis explota tanto la cuestión del malentendido. Al fin y al cabo, uno dice algo, pero el otro lo recibe desde su propia experiencia.

- ¿Hay épocas más propicias para el malentendido que otras?
- No lo había pensado, pero es probable que esta sea una de esas épocas. Y parte de ese malentendido, me parece, es propiciado por cierto manejo de los medios de información. Creo que hoy uno de los grandes problemas es el ruido. Creo que hoy hay más ruido que información. Hace tiempo yo escuchaba una suite francesa del siglo XIX, interpretada por un guitarrista exquisito, Fernando Sor, y me decía a mí mismo que el oído contemporáneo no está hecho para esta música, que lleva a la meditación. La música actual, por el contrario, lleva al aturdimiento.

- Es la diferencia entre informar y comunicar...
- Así es. Comunicación viene de “hacerse uno”. No sé si será verdad, pero una vez alguien me dijo que había una tribu primitiva entre los guaraníes, que desarrollaba la siguiente práctica, están un tiempo largo, sentados unos a la par del otro, sin hablar. Y después de un tiempo, se dicen: “bueno, compadre, ya he visto que está bien”. Y se va. Una comunicación maravillosa, ¿no? La comunicación del silencio.

- ¿A qué atribuye el interés de los jóvenes por la filosofía?
- Creo que es producto de estos tiempos desesperanzados. Los jóvenes con alguna inquietud se vuelcan a la filosofía buscándole algún sentido a toda esta cosa que se presenta como tan caótica, tan imprevisible. Esa vida que, como escribió Shakespeare, es un cuento narrado por un idiota.


LA GACETA