viernes, 25 de julio de 2008
Existencia y Narración en Paul Ricoeur
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jueves, 24 de julio de 2008
En Trabajo Social de la UNT aún no se inició el ciclo lectivo
La nota es vieja pero debemos retomar la lucha para ver que se cumplan las dos ultimas líneas de la nota.
EN AGUILARES. Los estudiantes de Trabajo Social durante la protesta.Los ánimos de los estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT están caldeados en el sur y en la capital. Los alumnos de la Licenciatura de Trabajo Social, que se dicta en Aguilares, y los del Profesorado y de la Licenciatura en Filosofía, que asisten a clases en la casa central, se quejaron por la falta de docentes, lo cual les impide avanzar en sus estudios.
En Aguilares, los alumnos hicieron una protesta callejera para denunciar que este año no comenzaron las clases. Según dijeron, esto sucedió porque no hay presupuesto para pagarles los sueldos a los docentes.
“Se dispuso la apertura de la carrera sin presupuesto ni espacio físico. La carrera siempre se dictó con diversos problemas. Reflejo de esa situación es el hecho de que se inició con 400 estudiantes y ahora apenas llegan a 80. La falta de profesores, de un edificio en condiciones óptimas (tienen clases en un edificio prestado por la Sociedad Sirio Libanesa) fueron desalentando a muchos. Tenemos que deambular pidiendo la apertura del ciclo lectivo", se quejó Blas Rivadeneira, presidente del centro de estudiantes de Aguilares.
Por otra parte, desde 2005, los alumnos del Profesorado y de la Licenciatura en Filosofìa no pudieron cursar seis de las materias que forman parte del nuevo plan de estudios. “Hasta ahora no se llamó a concurso para ocupar los cargos docentes, por lo tanto, no hay cátedras conformadas ni tampoco un plan de estudios definido para seis de las asignaturas”, explicó Pablo Concha, subdelegado de la carrera de Filosofía. Las materias que todavía no tienen docentes designados son Filosofía Social y Política, Taller Integrador I y II, Historia del Pensamiento Argentino y Latinoamericano, Filosofía de la Religión y Filosofía del Lenguaje.
“Taller Integrador I es de segundo año; Filosofía Social y Política es de tercero; Historia del Pensamiento Argentino y Latinoamericano y Filosofìa de la Religión son de cuarto, por lo que los alumnos de la primera camada de este nuevo plan no pudieron cursar cuatro materias. Es por eso que desde comienzo de año estamos realizando sentadas y presentamos una carta documento a las autoridades de la Facultad exigiendo una solución”, agregó Concha.
La secretaria académica de la Facultad, Liliana Palacios de Cosiansi, señaló que las autoridades están gestionando los puntos docentes necesarios desde el año pasado, pero que eso no depende de las autoridades de Filosofìa y Letras sino que es un problema común a todas las facultades de la UNT. Sin embargo, indicó que ya se gestionaron los concursos docentes para tres de las seis cátedras.
“Dejamos de lado otras necesidades y dimos lugar a las necesidades de la carrera de Filosofía, como una medida excepcional. En la última sesión extraordinaria del Consejo de la Facultad se aprobó el llamado a concurso docente para tres de las cátedras; también fue aprobado el jurado y esperamos que el Consejo Superior de la UNT acepte esa propuesta. En el caso de Filosofìa de la Religión, acordamos que el Departamento de la carrera proponga el cuerpo docente”, explicó Palacios de Cosiansi. Añadió que este año también se concursarían los cargos docentes de Taller Integrador II y de Filosofía del Lenguaje.
La Gaceta
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viernes, 18 de julio de 2008
En Filosofía y Letras, denuncian la tala de árboles de unos 100 años

En total, fueron 51 árboles y se comenta que obtuvieron los permisos para abrir espacios donde construirán un block de vidrio y cemento, totalmente ajeno, en su estilo, al predio del Centro Prebisch.
Los árboles fueron derribados, pero nuestra sorpresa no terminó allí. En el curso de esta semana entre los pabellones 200 y 300 se talaron otros ejemplares, uno de ellos, según un experto, tendría 100 años.
Con un grupo de docentes, no docentes y estudiantes intentamos hablar con las autoridades, pero sólo recibieron a una persona, integrante de un organismo ecologista, quien trabaja en la institución y había presentado una queja por escrito. Al resto no nos permitieron pasar.
Realmente estamos consternados; cuando hoy el mundo se debate por el tema del cambio climático y sus consecuencias para la vida, presenciamos estos hechos en una total indefensión.
¿Quién es responsable? Si hubo permisos ¿Quién los otorgó? ¿Bajo qué condiciones se talaron los árboles?
Es verdad que tenemos una absoluta falta de espacios para dar clases, pero una construcción no puede avanzar sobre la naturaleza de esta forma. El predio tiene múltiples posibilidades para crecer ediliciamente, eso lo dice el sentido común.
Cuando se publicaron las fotos en el diario, el 3 de julio, una persona en un comentario señaló "que contradictorio, por un lado se está tratando de llevar a cabo un plan de revaporización del centenario parque y por otro lado, distinguidos intelectuales avalan esta destrucción de la naturaleza". Esto genera una profunda reflexión en relación, sobretodo, a nuestro papel de formadores de las jóvenes generaciones."
Beatriz Garrido
beatrizgarri@gmail.com
fuente La Gaceta
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miércoles, 16 de julio de 2008
¿Puede la razón justificar decisiones singulares?

EL NUDO. La imagen ilustra el asesinato de Agamenón, envenado por su esposa Clitemnestra (amante de Egisto), a quien luego matará su hijo, Orestes.
En una interesante nota (Ética, justicia y razón. LA GACETA Literaria, del 29 de junio pasado), el conocido filósofo Roberto Rojo sostiene que la razón no puede “justificar acabadamente la valoración de los actos singulares”; se da, agrega, una “falta de certeza que origina nuestra perplejidad ante opciones que tocan muy en lo hondo nuestras vidas”. En cambio, afirma, el ámbito “de las abstracciones y generalidades son fecundos para examinar por ejemplo, la índole de la justicia”.
Con el gran respeto que merece el doctor Rojo, me permito disentir de esta afirmación. Sostiene el autor, además, que “lo racional aparece supeditado a las contingencias históricas y preso de las particularidades culturales”, y pone como ejemplo la tragedia de Esquilo Las Euménides, en la que Clitemnestra, amante de Egisto, asesina astutamente a su esposo, y que, a su vez, en venganza, es asesinada por su hijo Orestes.
Agrega más adelante que la creencia de Aristóteles en la inferioridad de la mujer “...abona la idea de que ‘lo racional’ aparece supeditado a las contingencias históricas y preso de las particularidades culturales”. Concluye advirtiendo “el tono dramático de las decisiones que rozan las situaciones límite y en las desavenencias... que tiñen las conversaciones ordinarias debido a las flaquezas de la razón”. Considero que es exacta la existencia de situaciones, como la citada por Rojo, en las que, por su particularidad, es muy difícil encontrar la solución justa -cuyo estudio, por otro lado, da lugar a la casuística-; pero creo que eso no es una razón suficiente para negar capacidad a la razón para suministrar guías racionales en estos casos. Es verdad que en los casos concretos se acrecienta considerablemente la dificultad, pero no resulta totalmente imposible hallar la solución. La casuística nos enseña la dificultad de hallar las soluciones, pero no su imposibilidad. Por otra parte, el gran jusfilósofo alemán Werner Goldschmidt, que fue profesor en la UNT y asiduo colaborador de estas páginas, ha enseñado, siguiendo a los romanos, que los principios son descubiertos en el estudio de los casos concretos y que sólo su análisis hace progresar el Derecho: “Sólo a base del estudio de la justicia en los casos concretos es posible llegar a consideraciones generales y generalísimas sobre la justicia de soluciones legales… Sólo con ocasión del caso concreto se descubre el principio general” (Werner Goldschmidt. Conducta y Norma, p. 176-7. Buenos Aires, Valerio Abeledo Editor, 1955). De ahí la máxima romana: non ex regula jus sumatur, sed ex jure quod est regula fiat (la regla no produce el Derecho, sino que el Derecho hace conocer la regla o de él se extrae la regla). En una palabra, sólo el estudio de los casos concretos permite el progreso de la ética, es decir, del Derecho como la moral. © LA GACETA
Tambien pueden encontrar el articulo en el archivo del blog.
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miércoles, 9 de julio de 2008
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domingo, 29 de junio de 2008
El hombre injusto
Lo que nos preocupa, entonces, es qué puede hacer la sociedad con hombres injustos y con poder; la injusticia implica acciones arbitrarias, y la arbitrariedad enloquece a quien la padece. Hombres injustos hay muchos, de algún modo todos los somos; pero el agregado del “poder” hace temible la injusticia. ¿Y qué es la justicia? Justicia es equilibrio, medida, legalidad; cuando hay demasía o exceso, hay injusticia; la desmesura (hybris) fue vista en el mundo antiguo como uno de los grandes pecados del espíritu.
Rescatar la política
Es ya un lugar común decir que se debe educar en la política y en la democracia, pero sucede que no hemos pensado con suficiente convencimiento que educar políticamente no es sólo conocer los principios de la política, sino enseñar a poner límites al gobernante injusto. La vida social está compuesta de un entramado de derechos y obligaciones. Saber de nuestros derechos es, también, conocer nuestras obligaciones, entre ellas, el control de gestión del ciudadano sobre sus representantes. La sociedad tiene la obligación -para seguir existiendo en armonía- de exigir un límite al poder.Platón declaró que la justicia es condición de la felicidad; el hombre injusto no puede ser feliz. Eso también debe servirnos. A más de 25 siglos de aquella Atenas de esplendor, la política no ha perdido sus sentidos originarios, pero, ante nuestra indiferencia, se ha deslizado hacia conductas erráticas e intereses espurios. Debe repensarse en su rectitud. La política es una praxis inteligente que tiende a lograr el bien común; sin ese objetivo se desvirtúa.
La democracia, a su vez, es una conquista de la racionalidad que confía en los límites reflexivos del ciudadano; es un progreso respecto de los sistemas arcaicos de organización social con un poder central como el de los reyes. Por ser una construcción social es frágil; debe ser pensada, ejercitada y así, afianzada. La democracia contiene significados inmensos: reconocer al otro como semejante, otorgarle los mismos derechos y prerrogativas; garantizar la justicia. Es una forma de gobierno en la cual el bien común debe cumplirse con mayor perfección y eficacia, y alcanzar a todos, sin exclusiones. Así, la política, como la imaginamos, debe ser una forma civilizada y generosa de ejercer el poder; consenso, legitimidad, diálogo, derechos ciudadanos son vocablos cargados de sentidos que circulan en la sociedad pero de difícil cumplimiento. Y tal vez la dificultad radique, justamente, en la falta de claridad sobre lo que ellos significan, sobre las ventajas que nos ofrecen y, también, sobre los afanes y renunciamientos que implica su realización. Educar políticamente es abrir las mentes para enseñar a desafiar la intolerancia a la que somos dados los hombres; a cuestionar toda voluntad hegemónica, a no aceptar sometimientos indignos; en definitiva, erradicar de una vez por todas las hondas raíces de una educación autoritaria, cuyas huellas aparecen, inesperadamente, en cada tramo del juego social.Los derechos y las obligaciones de los ciudadanos son modos de vida que se aprenden y se ejercitan; dejarlos caer en el olvido es una sentencia de muerte para una sociedad. No se puede saber qué es la democracia en una sociedad autoritaria; no se puede entender la política como regente de lazos sociales en medio del juego de intereses oscuros e inconfesados del poder. Sólo el control ciudadano puede detener los excesos de otros ciudadanos.
¿Podremos vivir juntos? Es la gran pregunta que nos urge. Se hace difícil responder si no comprendemos y hacemos carne los conceptos que aportan a la construcción de nuestra convivencia democrática. Debemos abocarnos al cultivo de la cultura política: aguzar el pensamiento crítico, asumir el rol de actores políticos. Esto parece ser impostergable; el hombre es un animal político, decía Aristóteles.
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Etica, justicia y razón
TODA UNA ALEGORIA. El francés William-Adolphe Bouguereau (1825-1905) pintó en 1862 El mito de Orestes. Quiero acotar claramente el tema de estas reflexiones, la justificación racional de las decisiones morales, pasando por alto las intrincadas cuestiones acerca de los sentidos y los alcances de los términos razón y ética. A fin de que este planteo resulte comprensible, partiré de un ejemplo de los muchos con los que el lector se topa de ordinario. Situémonos en la esfera jurídica: en un juicio, ante una consecuencia no querida -de culpabilidad, por ejemplo- se apela a una instancia superior en busca de una mejor justificación racional que asegure la consecuencia opuesta -la inocencia-. Hay que responder a la pregunta ¿es culpable o inocente el acusado? Ante esta disyuntiva: ¿quién dirime de manera absoluta la cuestión? ¿puede hacerlo la razón, esto es, los argumentos racionales? ¿está en lo cierto el que mejor argumenta?
Ahora bien, quiero abocarme en forma general a esta apasionante cuestión que relaciona la razón con la ética de las acciones individuales. Queda claro que sólo atenderé en este trabajo a las acciones concretas, no a los conceptos éticos abstractos, universales. Espero que ahora se entienda el tema de este trabajo: ¿están las decisiones morales justificadas intrínsecamente en la razón o son consecuencias de la solidez de las argumentaciones racionales? En el último caso -el de las argumentaciones- ninguna de las opciones morales estaría favorecida de antemano, debido al hecho palmario de que no hay un solo modo de justificarlas. En este panorama la inocencia o la culpabilidad no pertenece esencialmente a la acción sino que depende del rigor y del fundamento de la justificación argumentativa.
A fin de que el problema se muestre con nítidos perfiles insistiré con dos ejemplos más, porque los juzgo paradigmáticos y constituyen, hasta donde se me alcanza, algunos de los primeros antecedentes históricos de este problema. Se trata de un diálogo de Platón, Eutifrón, y de una tragedia de Esquilo, Las Euménides.
Eutifrón -que da nombre al diálogo- plantea a Sócrates la cuestión de si es justo o no acusar a su propio padre por haber dado muerte a quien mató a un operario suyo. Se trata de justificar racionalmente la conducta inocente o culposa de quien comete asesinato. Pero no hay, lamentablemente, en el diálogo despliegue argumentativo, porque el discurso se desvía para examinar un problema religioso y su relación con la justicia, el de la piedad, expuesto en los siguientes términos: ¿Lo piadoso es piadoso porque Dios lo ama o Dios lo ama porque es piadoso? (Recuerdo de paso que este problema religioso se replanteó en la filosofía moderna a la luz del Dios cristiano). A la postre, no se resuelven el dilema de lo piadoso ni la vacilación de Eutifrón de acusar o no acusar de asesinato a su propio padre.
Las dos caras de la razón
Esquilo, en cambio, es muy claro. En Las Euménides -una de las tres tragedias que constituyen la Orestíada- plantea con rigor argumentativo la cuestión que importa a este trabajo. Juzgo esta obra una suerte de arquetipo de justificación de la conducta, de un manejo sin par de las destrezas racionales para resolver una opción de acusación de asesinato.
El argumento reza así: Clitemnestra, amante de Egisto, asesina astutamente a su esposo, Agamenón, el reverenciado héroe de la guerra de Troya; Orestes, apesadumbrado por la muerte de su padre y sediento de venganza, mata a Clitemnestra, su propia madre. Está declarado el juicio. Las Euménides constituyen la parte acusadora; la defensa está en manos de los dioses Apolo y Atenea. El juicio para salvar o condenar a Orestes tiene en profusión elementos de la argumentación racional y no escasean las apelaciones emocionales de una de las partes, ante la contundencia racional. El Coro, formado por las Euménides, “las hijas de la noche y las tinieblas”, considera a Orestes impío, por haber regado por el suelo la sangre de la madre, y de haber sido cruel con quien le dio la vida. Indignadas, las Euménides prometen perseguir inexorablemente y sin descanso a quien derramó la sangre de su propio linaje.
No puedo detallar las razones de que se valen Atenea y Apolo para declarar a Orestes inocente, sino sólo hacer notar el punto esencial, racional de su argumentación, decisiva para su época. Es más importante el asesinato del padre que el de la madre, porque “no es la madre la engendradora de su hijo, sino sólo la nodriza del germen sembrado en sus entrañas”. Este argumento, que hoy juzgaríamos extravagante y desatinado, sonaba para algunos griegos irrebatible y sustentado en la tradición, tradición que acoge, entre otros, Aristóteles. En la Política (I,cap.2) establece lo que podemos llamar jerarquía natural. Esta jerarquía es aplicable tanto a los animales como a los seres humanos. Así, los animales domésticos son superiores a los salvajes. “Igualmente -dice Aristóteles- entre los sexos, puesto que el varón es superior y la mujer es inferior por naturaleza, el varón es el que gobierna y la mujer es el súbdito”.
Resalto lo anterior porque abona la idea de que “lo racional” aparece supeditado a las contingencias históricas y preso de las particularidades culturales. Vimos así, en el caso de las Euménides, cuán sesgada es la argumentación debido a prejuicios o ideas de la época al establecer diferencias jerárquicas entre los partícipes del acto generacional. Tocada por creencias y costumbres históricas, no está llamada la justificación racional, tal como aquí la entiendo, a dirimir las cuestiones tocantes a la valoración positiva o negativa de los actos singulares; en cambio, en el ámbito de las abstracciones y generalidades, son fecundos los movimientos de la razón para examinar, por ejemplo, la índole de la justicia o la virtud. En síntesis, la razón, como el dios Jano, tiene dos caras: por un lado, apunta, con firmeza, a la especulación pura, abstracta, y por el otro, con inseguridad, a las complejas exigencias de la praxis y a la vida.
Esta falta de certeza de la razón es el origen de nuestra perplejidad ante opciones que tocan muy en lo hondo de nuestras vidas, opciones tales que ninguna de ella tiene la fuerza persuasiva suficiente para alentarnos a elegir una u otra alternativa. Al escribir esto pienso en el patetismo, en el tono dramático de las decisiones que rozan las situaciones límite, y en las desavenencias, discordias, malentendidos, intolerancias que a veces tiñen las conversaciones ordinarias debido a las flaquezas de la razón. © LA GACETA
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