jueves, 21 de mayo de 2009

Análisis filosófico de La Rubia Tarada




En 2003 se pubicó el libro "Escuchá qué tema. La filosofía del rock nacional.", de Alejandro Rozitchner. En él, Rozitchner intentaba "plantear un juego de pensamiento que hiciera aparecer un sentido coherente en las imágenes y las historias de las canciones. El juego era captar la teoría implícita, la visión del mundo sugerida, la historia apenas esbozada en pocos rasgos." Acá les dejo una de esas letras:




La Rubia Tarada
Sumo


1
Caras conchetas, miradas berretas
y hombres encajados en Fiorucci.
Oigo "dame" y "quiero" y "no te metas".
"¿Te gustó el nuevo Bertolucci?"

El clásico adolescente de todos los tiempos: hablar mal de los chetos. Hasta los chetos hablan mal de los chetos. Seguramente este vicio tiene una utilidad, la de producir una diferencia entre quien habla y los otros. Quien habla es inteligente, del palo, auténtico, en cambio el "cheto" es el arquetipo de la inautenticidad y la idiotez humana. ¿Son realmente así las cosas? No. Ni el que habla prueba su inteligencia o capacidad por manifestar este rechazo, ni los chetos son necesariamente tan tarados. ¿Qué es ser "cheto", o como dice la letra, "concheto"? La palabra misma delata desde el vamos una perspectiva ajena y hasta contraria: ningún cheto se dice cheto. El cheto es siempre por definición otro. Si seguimos la letra para intentar averiguar qué es un concheto tenemos en primer lugar que es algo que se ve en la cara, y que quien tiene una "cara concheta" posee también al mismo tiempo una "mirada berreta". La aplicación de la palabra "berreta" a una mirada es una novedad, una licencia de poeta, y puede entenderse como una manera de decir que esa mirada no es valiosa, es inauténtica (el punto de la autenticidad es básico en la moral del anticheto), y podríamos arriesgar: no hace contacto, una mirada que no mira, una mirada aislada o aislante, una mirada anteojos negros. Sigamos.


"Hombres encajados en Fiorucci": Fiorucci es una antigüedad, como símbolo del conchetismo. Hoy habría que decir Armani o Kenzo. ¿Es ropa fea, mala, está mal usarla? No, pero para la mirada del resentimiento es algo que -por lo que se ve- define negativamente a una persona. Es decir, además de trabajar esta diferencia "cheto/no cheto" como una distinción fundamental, esta letra supone con todo prejuicio que una persona que vista Fiorucci es un tarado. Además, no viste, "encaja", como si fuera un objeto que carece de derecho de usar esa ropa.


La tercera línea reproduce tres partes de diálogos que sirven al autor para seguir caracterizando -por supuesto negativamente- a los conchetos. "Oigo dame, quiero y no te metas". La inconsistencia del pensamiento que está detrás de esta letra es evidente. "Dame": ¿está mal pedir? ¿es signo de imbecilidad? "Quiero": ¿Está mal querer? Seguramente querer algo es un mal signo para quien se desgañitaba gritando que "no sabía lo que quería pero lo quería ya". Tal vez, esta visión no tolera que alguien sepa lo que quiere y que ese querer se dirija a una realidad posible. ¿Es mejor, morir, reventarse y hacerse pasar por un genio sin serlo?


Cuarta frase: "¿Te gustó el nuevo Bertolucci?" Esta letra es el reino del prejuicio, la expresión de una inmadurez gigantesca transformada en bandera. Pero se entiende: para quienes juegan todas las cartas de su forma de ser a no ser concheto, todo detalle le sirve para denigrar al otro y quedar como unos salvajes copados. ¿Qué hay que ir a ver al cine, a Isabel Sarli? (Porque además, estos lúcidos terminan refugiándose en el snobismo como recurso para huir, no ser cheto y tampoco ser nada).


2
La rubia tarada, bronceada, aburrida,
me dice "¿Por qué te pelaste?"
Y yo: "Por el asco que da tu sociedad.
Por el pelo de hoy ¿cuánto gastaste?".

El himno del resentimiento continúa. Esta estrofa es un monumento a la idiotez. ¿Por qué es "tarada" la rubia? Cometió el pecado de ser rubia (qué asco las rubias, loco), estar bronceada (las minas copadas no se broncean), está aburrida (o eso supone el "divertido" que escribió la letra) y le pregunta ¿por qué te pelaste? (en vez de decir "qué copado, loco, te pelaste, es lo más, sos un genio, ¿cómo se te ocurrió?, ¡ídolo!). ¿Qué responde el resentimiento? Me pelé porque tu sociedad es una basura (es otra sociedad que la suya). Y agrega, como si fuera un argumento irrebatible, ¿cuánto gastaste en la peluquería, loca? Moraleja: las minas que van a la peluquería son todas unas idiotas. ¿Cómo cabe tanta sabiduría en una sola estrofa?


3
Un pseudo punkito, con el acento finito
quiere hacerse el chico malo.
Tuerce la boca, se arregla el pelito,
toma un trago y vuelve a Belgrano.

Se encuentra con un pibe medio punk, pero tampoco le perdona la vida. El único auténtico es él y quien él decida. El que habla en la letra es el comisario de las opciones de vida. El "pseudo punkito" habla "con acento finito" (¡qué boludo, no tiene la voz gruesa, qué idiota es el pibe, mátenlo!), "quiere hacerse el chico malo" (el que habla lo sabe bien porque es ese su oficio, hacerse el chico malo). "Tuerce la boca, se arregla el pelito, toma un trago y vuelve a Belgrano" (todos los que viven en Belgrano son una mierda, gente berreta que se vendió a Cabildo, Juramento, Virrey del Pino y quien sabe qué otras calles caretas, loco, qué garrón Belgrano). El comisario de gentes es también comisario de barrios. El que habla es una especie de Stalin rockero, de Musolini del Abasto.


4
¡Basta! Me voy, junto a la puerta,
y después al boliche a la esquina
a tomar una ginebra con gente despierta.
¡Esta sí que es Argentina!

Ah, bueno, entonces sí. Los copados, los más copados y auténticos de la Argentina, son los que toman ginebra en el boliche. Los que trabajan, estudian, hacen cosas, etc., son todos inauténticos, poco verdaderos y poco copados. ¿"Gente despierta"? ¿Cuántas ginebras tenés que tomar para despertarte? ¿Despiertos como vos, personaje prejuicioso, ignorante, resentido, incapaz de todo, creído, pedante, mesiánico y represivo? Prefiero tomar algo con la rubia tarada que con el pelado iluminado de la canción. (Nada que ver con Luca, loco, que era un genio, el chabón)


Conclusión: Una letra capaz de levantar a las masas resentidas alimentándolas con imágenes toscas y superficiales. La exaltación del impotente transformado en pseudo lúcido. Poco arte, poca vida, demagogia del peor estilo. Ya el nombre del tema despierta sospechas. A no ser que todo sea una parodia, y que estas palabras no sean el reflejo fiel del pensamiento de nadie, sino una pintura de costumbres. Entonces sí, podríamos decir: es fiel reflejo de un prototipo de resentidos que abundan. Qué copado que Luca haya comprendido y descripto a un tipo de ser tan distinto del suyo...


Fuente: www.frasesrockeras.blogspot.com


sábado, 7 de marzo de 2009

Humor por Sendra


jueves, 29 de enero de 2009

convocatoria abierta para nº 40 UNLP



UNLP

Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación


Revista de Filosofía y Teoría Política


DEPARTAMENTO DE FILOSOFÍA



CONVOCATORIA ABIERTA

La Revista de Filosofía y Teoría Política se encuentra en este momento preparando su número 40 correspondiente al año 2009. A tal efecto, convoca a la comunidad académica y filosófica a participar enviando sus artículos y documentos de trabajo producto de la investigación, comunicaciones y reseñas críticas y bibliográficas para su publicación en este número. Se priorizarán los trabajos recibidos antes del 15 de marzo de 2009, a los efectos de su inclusión en el nº 40. Se reciben investigaciones de todas las áreas disciplinares y corrientes filosóficas que se ajusten a las normas y criterios de la práctica académica y científica de la disciplina, además del acuerdo con las normas para recepción de trabajos establecidas por el Comité Editorial y que figuran más abajo.


La Revista de Filosofía y Teoría Política es una publicación de periodicidad anual del Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional de La Plata y aparece indicada en las bases de datos: Philosopher's Index, Sociological Abstracts, Worldwide Political Science Abstracts, 4P (UNIRED: Proyecto Padrinazgo Publicaciones Periódicas Argentinas) y Francis: INIST (Institut de l'information scientifique et technique). También está incluida en LATINDEX (Catálogo- Sistema Regional de Información en Línea para Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal), Ulrich's Periodical Directory y en Núcleo Básico de revistas argentinas (CAICYT).


Instructivo para la presentación de trabajos a la Revista de Filosofía y Teoría Política

Todo trabajo presentado ante el Comité Editorial deberá respetar las siguientes pautas:


A.- PRESENTACION

1. Se recibirán trabajos durante todo el año.

2. Los trabajos deberán ser corregidos y revisados por cada autor antes
de ser entregados al Comité Editorial.

3. Se deberá consignar:

· Título del trabajo y subtítulos.

· Nombre del autor o de los autores.

· Lugar o institución donde se realizó el trabajo.

4. Original del trabajo en papel (dos copias)

5. CD, o enviar una copia por correo electrónico a rfytp@fahce.unlp.edu.ar, aclarando en el asunto que se trata de un "trabajo a evaluar en la Revista de F y TP". En caso de que se confirme la recepción del trabajo se podrá obviar el requisito 4.

6. Se debe utilizar el programa Word 6.0 o versión menor a la misma.

7. Abstract de no más de cien palabras en castellano y en inglés (o
francés).

8. Tres palabras clave, en castellano y en inglés (o francés)

9. Se deberá agregar una noticia biográfica del autor/a de no más de seis renglones y una dirección electrónica para consultas.

10. Se deberá enviar además una copia sin datos que permitan identificar al/a los autor/es en el texto del trabajo, en las notas o en la bibliografía.


B.- NORMAS DE DISEÑO

1.. Orden de presentación:
a.. Título del trabajo y subtítulos
b.. Nombre del/de los autor/es
c.. Lugar o institución donde se realizó el trabajo.
d.. Noticia biográfica del autor/a de no más de seis renglones y una
dirección electrónica para consultas.
e.. Abstract en castellano y en inglés (o francés)
f.. Tres palabras clave en castellano y en inglés (o francés)
g.. Cuerpo del trabajo con notas a pie de página
h.. Bibliografía normalizada
2.. Tamaño de papel: A4 (21,00 x 29,70 cm)
3.. Márgenes: Superior 2,50 cm; inferior 2,50 cm; laterales 2,50 cm.
4.. Familia Tipográfica: Times New Roman
5.. Cuerpo tipográfico: 12.
6.. Dejar un espacio en blanco entre Título, subtítulo y texto.
7.. Tipear todo el texto de corrido, utilizando mayúsculas y minúsculas
según corresponda e interlineado 1,5.
8.. No sangrar el texto. Utilizar "enter" solamente cuando va punto y
aparte.
9.. Para destacar una palabra o frase utilizar solamente la variable
tipográfica itálica o cursiva. Evitar viñetas, texto en negrita,
subrayado, salto d epágina y salto de sección.
10.. Las notas deberán estar al pie automáticamente. Serán indicadas en
el cuerpo principal del texto con un número superíndice, sin dejar
espacios (en ningún caso usar paréntesis) y después del signo
ortográfico. Ej. ... como constará en el documento.1
11.. La bibliografía estará normalizada en todos los trabajos. Se
insertará al final del trabajo, por orden alfabético por autor, teniendo
en cuenta el modelo siguiente:
a.. Apellido y nombre de los autores (mayúscula y minúsculas. Ej.
Borges, Jorge Luis);
b.. Fecha de edición ( entre paréntesis);
c.. Título de la obra en itálica o cursiva y minúsculas;
d.. Lugar de edición;
e.. Editorial;
f.. Volumen, tomo, etc.;
g.. Número de página (si corresponde);
h.. En caso de artículos de revista, el título irá entre comillas y el
nombre de la revista en itálica;


C.- EXTENSION DE LOS TRABAJOS

La extensión sugerida para los trabajos es la siguiente:

· Artículos y documentos de trabajo, entre 20- 25 páginas;

· Comunicaciones, entre 10-15 páginas

· Reseñas y críticas bibliográficas, entre 1-2 páginas


Todos los trabajos serán remitidos a dos evaluadores (internos y externos). En caso de disidencia se enviaran a un tercer evaluador. Se indicarán al autor/a las modificaciones sugeridas, las que deberá cumplimentar en los plazos que se estipulen. Una vez aceptado para su publicación, no se aceptarán más modificaciones al trabajo.





viernes, 5 de diciembre de 2008

El "etnólogo filósofo"

Por: Sabine Glaubitz, para Revista Ñ

LAS OBRAS DECISIVAS del estructuralismo, en las que Lévi Strauss intenta comprender cómo funciona el espíritu humano y cómo son las estructuras mentales y cognitivas, surgieron en los años 60 con El pensamiento salvaje, El origen de las maneras en la mesa y Lo crudo y lo cocido.


"Me convertí en antropólogo huyendo de la filosofía", dijo en cierta ocasión Claude Lévi-Strauss, y sin embargo el etnólogo francés de fama mundial, que cumple 100 años, es para muchos más bien un filósofo.

Desde hace más de medio siglo, este hombre discreto se posiciona en los debates culturales actuales. Dotó de un nuevo significado los conceptos de "raza", "cultura" y "evolución" y ya hace décadas que hizo de la diversidad cultural un factor esencial de la cohesión social y de la paz, una teoría que en el contexto de la globalización gana cada vez más relevancia. Es por ello que la prensa celebra a este científico como el "etnólogo filósofo" de su época.

También la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), con sede en París, celebra a Lévi-Strauss "como uno de los grandes intelectuales del siglo XX".

Una imagen que ya se fue gestando en los año 50 con la publicación de su bestseller Tristes trópicos. Un recuento científico que recorre Brasil y que los medios ensalzaron como "gran libro de la sabiduría". Este compendio de estudios ya advertía de la extinción de culturas "primitivas" amenazadas por el avance de la civilización. En momentos en el que el término "avance" todavía era una palabra mágica de connotación positiva el científico se convirtió en un pesimista sobre la cultura y en agorero de los que creían ciegamente en el avance.

Pero Tristes trópicos no sólo fue una crítica a la sociedad. Con este libro también se distanció más de su oficio original, pues después de todo el etnólogo era un "enviado" de esa civilización destructora cuya expansión llega a todos los rincones del planeta.

En este papel no quería verse Lévi-Strauss. "Odio viajar", dijo, y se centró con ahínco en escribir, algo que muchos de sus colegas le reprocharon. Le cuestionaron sus análisis por estar elaborados con material de segunda mano y dudaron de sus conclusiones sobre sociedades, mitos y las estructuras de pensamiento en las que se basan.

Lévi-Strauss analizó toneladas de material de investigación y elaboró un nuevo método de investigación antropológica: el estructuralismo. Las obras decisivas de este estructuralismo, que intenta comprender cómo funciona el espíritu humano y cómo son las estructuras mentales y cognitivas, surgieron en los años 60 con El pensamiento salvaje, El origen de las maneras en la mesa y Lo crudo y lo cocido.

Con su lógica rigurosa y clasificadora, el científico demostró que los sistemas sociales y familiares de los pueblos ancestrales a menudo eran más complejos y sutiles que los nuestros, lo que escandalizó a muchos etnólogos. Pues hasta Lévi-Strauss, los "primitivos" eran considerados pueblos con formas de pensar arcaicas, sin escritura y sin máquinas.

Para él no hay ninguna raza que intelectualmente sea superior o inferior. Cada grupo étnico de la humanidad tiene su especificidad con la que ha contribuido a un legado común.

Nacido en Bruselas en 1908, este hijo de un pintor relató que recaló en la etnología porque era malo en filosofía, estudio que cursó junto a los de derecho y sociología en la Sorbona de París.

Fuente: DPA


domingo, 23 de noviembre de 2008

Homenaje a Víctor Massuh





UN INTELECTUAL GENEROSO. Massuh concebía al filósofo como alguien llamado a encontrar, en un mundo que se desintegra, nuevas experiencias de la verdad, del bien, de la belleza y de lo sagrado.

Con motivo del reciente fallecimiento de filósofo tucumano Víctor Massuh, el suplemento La Gaceta Literaria, principal diario de la provincia, en su última edición homenajea al pensador, con quien mantuvo una estrecha relación desde sus inicios, en una serie de artículos destacados a continuación.

Un Pensador presente

Por Santiago Kovadloff

Acerca de 1949 y una amistad de seis décadas

Por Daniel Alberto Dessein

El filósofo, Tucumán y un remolino de recuerdos

Por María Eugenia Valentié

Tucumán, huellas de una utopía

Este artículo forma parte de una serie de apuntes autobiográficos que el filósofo publicó en LA GACETA Literaria en 2006. 

A la búsqueda de lo auténtico

Por Lucía Piossek Prebisch

Nuestro aporte filosófico mayor

Por Abel Posse

El ros­tro que­bra­do del hom­bre

Víctor Massuh, 1924-2008. Este artículo fue publicado por el pensador tucumano en estas columnas, el 18 de diciembre de 1950.






miércoles, 19 de noviembre de 2008

Murió en Buenos Aires el filósofo Víctor Massuh


El filósofo tucumano Víctor Massuh murió ayer a los 84 años en la ciudad de Buenos Aires, donderesidía. Sus restos fueron velados en su domicilio, y serán inhumados hoy en el cementerio Jardín de la Paz, en Pilar. La comunidad intelectual de Tucumán quedó conmovida por la noticia del deceso del ensayista, diplomático y colaborador permanente de LA GACETA Literaria.


Massuh había nacido el 25 de febrero de 1924 en San Miguel de Tucumán; había estudiado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT, donde también se doctoró. Ejerció la docencia en numerosas universidades argentinas; fue miembro de numerosas academias y desarrolló una vasta obra filosófica. También cubrió funciones diplomáticas, como la de embajador de la Argentina ante la UNESCO. Al margen de su destacada trayectoria intelectual, fue, según sus amigos, un tucumano que siempre volvía a su provincia y que privilegiaba la amistad por sobre todas las cosas.

La Gaceta

lunes, 17 de noviembre de 2008

Sin prisa y con pausa

Cada cual pasa a lo suyo, y yo, que los veo por la ventana del café sin saber qué es lo mío, ni si algo lo es, me pregunto cómo sé que aquello a lo que cada cual va es precisamente lo suyo y no lo de cualquiera. La pregunta viene a cuento de que ese modo de ir parece determinar cómo va el mundo, el que iría de muy otra manera si cada cual no fuera tan metido en su pellejo.

La primera señal de que cada uno va muy a lo suyo es la premura con que va. Las más veces lo que se nota es el apuro de su marcha, pero en ocasiones se trata de un apremio que le contrae el gesto, asemejándolo al de quien camina contra el viento.

La segunda señal de que a cada uno lo empujan asuntos propios es que casi no hay transeúnte que no vaya agarrado a cierto avío -una carpeta, una bolsa de compras, un portafolio-en el que lleva sus cosas, la materia de sus intereses, la parte, en fin, que le toca en los negocios del mundo. Ese transporte de la particularidad es visible aun cuando no se lleva nada en las manos, cuando lo único que la manifiesta es el visaje esforzado de quien corre por su necesidad.

Pero la señal más clara, para mí, de que cada cual atiende su juego sin tener ojos para nada más, es que yo mismo, sin cartas que barajar ni tratos que componer, veo muy bien el afán de todos sin ser en cambio visto por ninguno.

Y no es que me encuentre yo libre de cuidados, de suerte que me sea permitido contemplar los de los demás desde las alturas de algún Olimpo; no, yo ando como todos por un valle de trabajos, sólo que de tarde en tarde me ocurre perder el rumbo y sentarme al borde del camino, no tanto para descansar como para no estorbar el paso de los otros. Y es con el sentimiento del propio extravío como veo a los demás pasar, cierto cada cual de sus pisadas y firme en la determinación de sus propósitos. Por eso, cuando por la ventana del café percibo cómo va cada cual a lo suyo, no me creo por encima de ellos, sino que mirándolos me anego de algo muy semejante a la envidia.

Sin embargo, ¿por qué he debido aclarar que no me siento superior a los que corren tras su interés? Pues porque el interés es la manifestación de una particularidad, y he aquí que toda particularidad es fea. Por eso, cuando es posible se la esconde, se la recluye en el ámbito de lo privado. Hay en ella algo de contrahecho, algo que huele mal y que sólo puede deparar gusto a su propio dueño, hallándose este en situación de intimidad; caso contrario, sólo puede suscitarle vergüenza.

Obsérvese, a propósito de este asunto, que los que se exponen contentos de sí son los que no han notado llevar rasgos especiales; aquellos cuya fisonomía es tal que cada uno de sus trazos resulta neutralizado por un correspondiente trazo opuesto; aquellos cuyas facciones y cuyo cuerpo muestran una disposición simétrica, y ninguna diferencia respecto del tipo de la especie. Esa simetría, esa indiferencia, no son otra cosa que la belleza; esta, pues, es de naturaleza negativa; constituye el fondo contra el que destaca todo rasgo singular, el cual, entonces, es feo por el solo hecho de existir. Recíprocamente, lo que existe, lo real propiamente dicho, lo positivo, es la fealdad.

Obsérvese, por otra parte, que si pocas veces se advierte esta verdad, es por la fuerza de la costumbre, que envuelve la vida de cada cual de una pública y diaria exhibición de particularidades, con lo cual llegan a ser tan imperceptibles como la presión atmosférica, que nos agobiaría mortalmente si no hubiésemos sido modelados por ella. Agréguese que la forzosa tolerancia con que nos conducimos a este respecto se ve facilitada por ciertas reglas de urbanidad y cortesía que nos mueven a disimular lo que de estrictamente particular hay en nuestras vidas. Esa disposición, a la que concurren los progresos de la medicina así como las industrias de la vestimenta y los cosméticos, con sus correspondientes actividades de propaganda, extiende un manto de uniformidad sobre la vida colectiva y relega a un segundo plano las diferencias individuales, las mismas que saltan a la vista en cualquiera de los cuadros de Brueghel que registran la vida cotidiana en el siglo XVI: la deformidad de los cuerpos y de las almas que es normal cuando reina la particularidad.

De modo que cuando veo que todos van cada cual a lo suyo, no me creo exento de esa populosa fealdad; sé muy bien que si yo no voy a lo mío no es porque vaya a lo sublime, sino porque no voy a ninguna parte.

¿Habrá manera, sin embargo, de ir a alguna parte sin ir a lo suyo, sin hozar el sendero con la avidez torpe de un estómago que camina? Si alguien fuese a lo sublime, ¿no llevaría otro paso y otro gesto que el de la marcha diaria de la mayoría?

Pero, ¿qué significa “ir a lo sublime”? Esa palabrita apareció por mi pluma sin que la llamase, y para saber qué quise decir visito el diccionario: “...Excelso, eminente, de elevación extraordinaria. U. m. en sentido figurado aplicado a cosas morales o intelectuales. Se dice especialmente de las producciones literarias o artísticas que tienen por caracteres distintivos grandeza y sencillez admirables. Se aplica también a las personas. Orador, escritor, pintor sublime.”

Advierto, pues, que no me propuse enfrentar a lo feo de la particularidad algo meramente bello, algo que fuera sólo una negación, algo que se redujera a una generalidad abstracta; en verdad, no tuve en cuenta la fealdad de lo particular sino cuanto resulta una expresión de lo mezquino, y he aquí que la repulsión de lo mezquino se halla ligada a una apetencia de lo grande, a una necesidad que no es padecida como un ensueño estético sino como un acicate doloroso, cuyo imperio puede ser no menos intenso que el del hambre y la sed. Se trata de un apetito que es más frecuente que lo que dejaría suponer el espectáculo de los negocios humanos y que, por ello, cualquiera -quien más, quien menos- ha experimentado alguna vez. Sucede en ocasiones que, de las muchas cosas que podemos hacer, ninguna nos llama a la acción más que las otras; y no porque, habiéndonos propuesto una meta, no sepamos cuál maniobra nos conduce mejor hacia ella, sino porque es el caso que se nos ha desdibujado toda meta y entonces resulta que cualquier dirección equivale a las demás, por lo que viene a ser lo mismo dar un paso que no dar ninguno. Y no es necesario, para que nos hallemos sumidos en una situación semejante, que nos acometa una gran perplejidad acerca del curso que llevamos en la vida; por cierto, esa desorientación vital es enteramente posible, pero en verdad basta con que nos encontremos aburridos para que suframos, y no sin intensidad, un estado de ánimo como el descripto.

En otras ocasiones sucede que no atinamos con lo que hemos de hacer, pero no por lo dilatado del campo de posibilidades que se nos ofrece, sino por su angostura, la que llega a ser tal que nos aprieta hasta el ahogo. Ahora no se trata de que todas las cosas sean equivalentes por transparencia y vacuidad, sino de que no hay cosas, porque todas se funden en una materia pesada y oscura que nos suelda los pies y nos doblega el alma. Es lo que nos embarga cuando sentimos que algo ominoso aunque no definido está por ocurrir, y que es inevitable.

Y bien, en ninguna de esas circunstancias experimentaríamos un desvanecimiento de nuestro ser si este perteneciera por completo a ellas, si el ámbito de esas situaciones contuviera enteramente la persona que somos. Pero acontece lo contrario, porque la persona que somos nunca coincide con las cosas entre las que despliega su afán, ni se reduce al lugar que ocupa entre esas cosas, ni su tiempo es sólo el que el reloj adjudica a cada una de sus operaciones. No nos conformamos con el ser de bulto que nos es propio; su forma está en otra parte, aunque no sepamos dónde. Y si reconocemos como propio ese ser gravoso, es porque de alguna no explicada manera podemos considerarlo desde fuera (nos gustaría decir: “desde arriba”), de lo que viene a resultar, sin duda paradójicamente, que ese ser macizo no nos es del todo propio, que desde cierto punto de vista es más bien ajeno.

Una demanda de lo alto nos constituye, pues, no menos que una marcada inscripción entre los objetos materiales. Esa demanda es un modo de la magnanimidad, pero no el que consiste en una benevolencia para con culpas o deudas, sino el que se abre a una generosidad impaciente que no quiere prestar atención a pequeñeces como los manejos políticos y las transacciones inmobiliarias. No nos sentimos miembros plenarios de la plaza ni del mercado; algo esencial de lo que somos pertenece a otro dominio, universal, ciertamente, pero no público.

No cabemos, entonces, en nosotros mismos, pero no de gozo sino de insatisfacción; vivimos, en fin, desencajados.

Por eso los que van cada cual a lo suyo no van con alegría; bien lo advierto yo, resignadamente, cuando los veo pasar tras la ventana del café.

Para recuperar la alegría tendríamos que ir a lo de todos, al matutino lugar en el que todos somos el mismo: allí donde resplandecen las formas y no hemos olvidado todavía saltar y jugar, y andar por el aire, y movernos con mucho donaire.

De muy otra manera iría el mundo si cada cual dirigiera sus pasos no a lo suyo, que huele a encierro, sino a ese huerto de trinos y de luces que todos llevamos en el fondo.

© LA GACETA

Samuel Schkolnik - Escritor, doctor en Filosofía, profesor titular de Etica de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT.